Motivaciones: mutilaciones y mutaciones

Hace tiempo que el flaneur ha muerto en la avenida parisense. Ciego de horizontes, perdido entre una multitud de necesidades; lo único que le sobrevivía era su alucinación sin audacia. La mujer que lo miraba hace un siglo, las calles interminables y el gusto por el ir y venir de la sociedad han caducado como el vino de campiña que ahora no es más que un fermentado del cosmopolitismo que emana de la torre Eiffel.

Pero el aficionado malditista, el Baudelaire de mi barrio, el único lector de Walter Benjamin y los andantes poetas no lo saben...

Esto es grave. Se están paseando con la cruz de la esperanza en... ¿qué esperanza? Si apenas intentan corroborar en el cadáver del alemán, el neón en cruz de las bodegas los obnubila, los vuelve idiotas. El peso de la tradición modernista los ha encaminado a los lares más comunes, a la prostituida andanza del hombre contemporáneo. Ahí no puede ejercer ningún poeta. Es más, no logra encontrar nada extraordinario el explorador, ni el oficinista que tiene que encerrarse para laborar, ni ningún ser humano es capaz de realizarse en estas calles que son el laberinto que teje el neocapitalismo.

LAS RUTAS EXISTENTES ESTÁN VICIADAS

No llegan al atardecer, sino al negocio del empresario. Ningún camino adoquinado lleva a la intemperie; todos llegan a Roma. Y el imperio colapsa en orgías, placeres mundanos, consumismo, gula, en todo lo no trascendental. Eso es Roma, caballeros andantes, poetas al ras del suelo. La calle que tanto cantaban ha sido clausurada por el sistema económico al que todos respondemos. La multitud que tanto admirabas al pasear a la luz de las primeras lámparas a keroseno, han mutado, Baudelaire. Amigo, la sociedad ahora solo sabe devorar, gastarse en excesos, y las rutas por donde te conduces, tal como las vías diseñadas para trasladarte/expresarte, son las bambalinas tras el hombre-bestia, el acto previo al inhumano insaciable, el camino hacia el ser-sexo, el no-arte ha diseñado esos planos.

Por eso, poeta, escritor, deslíndate. Deja tu ciudad como la ruina material que es y siempre ha sido. Es tiempo de despertar al ebrio pisoteado y hacerlo elevar en verdaderos alcoholes. Es hora de saltar del pasadizo, entrar por la ventana y salir por el techo. Que la ruta establecida sea la aborrecida por nuestra libertad.

En los próximos días profundizaré en las mutilaciones que ha sufrido el flaneur por parte del sistema socioeconómico vigente en nuestros tiempos, y cómo es que, a través de un trazar original y distinto de las rutas físicas de la ciudad (parkour), éste puede volver a encontrarse en su original contemplación crítica de la sociedad que lo rodea. El traceur ha venido a modificar el universo de concreto...



Comentarios

  1. La muerte sólo fue sombra de lo que es, fue y vive en la acción contemplativa del hombre, mismos ojos que determinan lo indeterminado del respiro y lo mundano es solo lo crudo de nuestros rezos escondidos en persinaciones, morales prestadas de desvarates emergentes de todo poeta.

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